Dicen que una de las mayores sorpresas de Cristóbal Colón y su
gente al descender en el nuevo continente fue percatarse de que los indígenas no
mostraban mayor estupor al enfrentarse con el hombre blanco. De hecho, algunos
autóctonos habrían hecho signos de la cruz a los conquistadores, dejando en
claro que el español no era el primero en posarse en las supuestas nuevas
tierras.
Investigaciones han planteado que la presencia vikinga en distintos puntos de América fue muy anterior a Colón —una de las evidencias más nítidas está en México y son huellas de pies grabadas en rocas, típica costumbre vikinga en sus expediciones— y que, sorprendentemente, los caballeros templarios habrían seguido precisamente las rutas de los hombres que venían desde la actual Dinamarca para adentrarse en América.
Investigaciones han planteado que la presencia vikinga en distintos puntos de América fue muy anterior a Colón —una de las evidencias más nítidas está en México y son huellas de pies grabadas en rocas, típica costumbre vikinga en sus expediciones— y que, sorprendentemente, los caballeros templarios habrían seguido precisamente las rutas de los hombres que venían desde la actual Dinamarca para adentrarse en América.
¿Templarios en América? ¿Llegaron antes de Cristóbal Colón? ¿Y con qué
fin?
Mitad monjes y mitad soldados, los templarios tenían una misión cargada de aire divino: ser los custodios del cáliz que utilizó Jesús en la última cena y que también contuvo su sangre después de morir en la cruz. Y se llamarían “templarios” ya que en sus inicios fueron alojados en las caballerizas del templo del rey Salomón.
Mitad monjes y mitad soldados, los templarios tenían una misión cargada de aire divino: ser los custodios del cáliz que utilizó Jesús en la última cena y que también contuvo su sangre después de morir en la cruz. Y se llamarían “templarios” ya que en sus inicios fueron alojados en las caballerizas del templo del rey Salomón.
Sin embargo, en la práctica, los integrantes de la orden se encargarían de
proteger a los peregrinos que iban con destino a los lugares sagrados.
Hugo de Payns, en el siglo XII, fue el fundador de la Orden del Temple junto a un puñado de integrantes. Entonces, apenas eran nueve hombres en total. Con el correr del tiempo, el poderío de los templarios también alcanzó lo económico.
En efecto, la orden fue desarrollando distintos elementos mercantiles —como monedas y órdenes de pago— que la convirtieron en uno de los puntos de partida del actual sistema bancario. Por supuesto, su influencia económica hizo que se transformara en una entidad respetada y temida, pero envidiada por monarcas y Papas.
Hugo de Payns, en el siglo XII, fue el fundador de la Orden del Temple junto a un puñado de integrantes. Entonces, apenas eran nueve hombres en total. Con el correr del tiempo, el poderío de los templarios también alcanzó lo económico.
En efecto, la orden fue desarrollando distintos elementos mercantiles —como monedas y órdenes de pago— que la convirtieron en uno de los puntos de partida del actual sistema bancario. Por supuesto, su influencia económica hizo que se transformara en una entidad respetada y temida, pero envidiada por monarcas y Papas.
Parte relevante del poderío económico alcanzado por los
templarios tuvo que ver con el hecho de que acuñaran monedas de plata y oro.
Muchos dudan acerca de la procedencia de estas importantes cantidades de plata,
especialmente en un continente donde el metal escaseaba. De ahí que muchos
investigadores miren a América como la fuente desde donde los templarios se
abastecían. Su origen estaría en minas de Perú y Bolivia. De ahí llevaban el
metal a los puertos del Atlántico y, luego, al destino final: el puerto La
Rochelle en Francia, clave para las rutas del comercio templario.
El tema es que todo esto —según los que defienden la teoría— habría sucedido
mucho antes que Cristóbal Colón se embarcara en sus carabelas rumbo a las
Indias.
Lo relevante es que los templarios habrían traído con ellos su tesoro más preciado: el Santo Grial, puesto que querían el cáliz lejos de Europa, en un lugar secreto e inubicable.
Algunos investigadores plantean que Colón sabía que no sería el primero en llegar a América y que por eso se encargó de que su misión tuviera símbolos que sirvieran para el supuesto encuentro que tendría con los templarios. ¿El más importante? Las vistosas cruces rojas que portaban las principales velas de sus carabelas. Muchos se preguntan: ¿Por qué Colón usaba en sus barcos el mismo símbolo de la Orden del Temple?
Lo relevante es que los templarios habrían traído con ellos su tesoro más preciado: el Santo Grial, puesto que querían el cáliz lejos de Europa, en un lugar secreto e inubicable.
Algunos investigadores plantean que Colón sabía que no sería el primero en llegar a América y que por eso se encargó de que su misión tuviera símbolos que sirvieran para el supuesto encuentro que tendría con los templarios. ¿El más importante? Las vistosas cruces rojas que portaban las principales velas de sus carabelas. Muchos se preguntan: ¿Por qué Colón usaba en sus barcos el mismo símbolo de la Orden del Temple?
Otro de los elementos al que se echa mano para acrecentar la idea de que el
Santo Grial está en América es el interés que tuvo el nazismo en dar con él. El
propio Hitler, obsesionado con la idea de tener en sus manos símbolos u objetos
que acrecentaran su poder, encargó a diversos espías que fueran a buscar la copa
de Jesús. La presencia de submarinos alemanes y agentes nazis en Argentina no
haría más que corroborar que sabían bien dónde debían concentrar la búsqueda en
esta parte del continente. De hecho, el teórico más importante de la idea de la
presencia de los templarios y el Santo Grial en América es Jacques de Mahieu, un
oficial nazi francés que luego se trasladó a Argentina y escribió el polémico
libro Colón llegó después.
Más osado aún, algunos investigadores de los templarios han llegado a
sostener que el lugar donde se ubicaría el Santo Grial es Telsen —provincia de
Chubut, Patagonia trasandina—, donde huestes de la Orden del Temple lo tendrían
a buen resguardo al interior de una zona rocosa a la que se accedería a través
de una puerta secreta que, hasta ahora, nadie sabe dónde está.
El viejo rumor de que el Santo Grial estaría en América ha sido tomado por el
canal History, estación que desarrolló un programa especial llamado Templarios
en América, que tratará en profundidad el asunto y se exhibirá en Chile el
miércoles 14 de marzo a las 21 horas. Se trata de una investigación que demoró
unos seis meses, el trabajo de una veintena de profesionales del canal y que
consideró diversas locaciones y el testimonio de distintos investigadores,
algunos de los cuales se encargan de confirmar o poner en duda la teoría.
“La verdad es que nos sorprendió la amplia presencia que tienen los templarios en América Latina, pero la mayoría de las personas no sabe de su existencia”, explica desde Estados Unidos Miguel Brailovsky, vicepresidente de Programación de History. El ejecutivo aclara que la exhibición de Templarios en América no es antojadiza. “Nosotros no imponemos interés en un tema, sino que nacen de uno ya existente. En ocasiones es un hallazgo en particular y en otras se debe a películas o a algún libro que han generado impacto. En este tema fue importante lo que sucedió con El código Da Vinci”, aclara.
“La verdad es que nos sorprendió la amplia presencia que tienen los templarios en América Latina, pero la mayoría de las personas no sabe de su existencia”, explica desde Estados Unidos Miguel Brailovsky, vicepresidente de Programación de History. El ejecutivo aclara que la exhibición de Templarios en América no es antojadiza. “Nosotros no imponemos interés en un tema, sino que nacen de uno ya existente. En ocasiones es un hallazgo en particular y en otras se debe a películas o a algún libro que han generado impacto. En este tema fue importante lo que sucedió con El código Da Vinci”, aclara.
El fin de los templarios llegó el viernes 13 de octubre de 1307, cuando el
rey francés Felipe IV, en acuerdo con la Iglesia, ordenó apresarlos y confiscar
sus bienes. Las riquezas, eso sí, no aparecieron por ninguna parte.